Ciertos acrósticos inciertos

Ciertos acrósticos inciertos

Especie de novela por entregas que escarba en los afectos enredosos y desata las pasiones íntimas entre una mujer madura y un hombre sesentón

Capítulo 1

Sentados a la mesa del restaurante Del Arco pides agua sin gas y le confiesas que eres alcohólico. Por primera vez vas a evitar tus raciones generosas de güisqui ante la mujer que te ha servido decenas de lingotazos en el último año, desde que la conociste en el café donde trabaja como jefa de barra. Y aunque habías procurado no sobrepasarte nunca delante de sus ojos cordiales, le preguntas si acaso lo sospechaba, cuando el camarero pone sobre la mesa las cartas para elegir la cena. Te contesta que no, que siempre has guardado la compostura, incluso cuando el licor empezaba a correr antes del mediodía, que jamás te ha visto colocado, que ni se lo podía imaginar…

Mientras suspiras aliviado, le anuncias que te mantendrás abstemio toda la noche por respeto hacia ti y hacia ella. Que con frecuente severidad el exceso te ha hecho perder el control y te ha puesto en flagrante evidencia. Que no volverás a concederte un trago más a su lado, como tampoco te lo permitiste mientras estuviste casado, porque sobrio eres un hombre más íntegro y ella merece conocer la mejor versión de ti mismo. Sofía asiente con un guiño y se alegra por tu espontáneo arranque de sinceridad. Sabe que eres viudo desde hace más de veinte años y que te has ganado la vida escribiendo y ella te ha dicho que está divorciada desde hace quince y que convive con sus dos hijos.

Cuando le propones explorar afinidades y paralelismos para un futuro en común, te ofrece su hombro de amiga y el compromiso de seguir codeándoos. Ella sigue sintiéndose envilecida por la espantada del hombre que acaba de dinamitar su relación afectiva y se muestra acorralada en las agrias costuras de una ausencia teñida de infidelidad y traición. Sofía aún no puede pasar la página de una pesadilla que la atormenta y tú no tienes ninguna prisa en enfrentarte al endiablado primer folio en blanco de un impensado romance. Sin embargo, dos días después vuelves al café y le llevas un sobre con un tarjetón titulado «Tu susurro en mi almohada».

S abré esperar a que tu herida sane…
O chenta veces ocho, sin apuro.
F ebril la noche ayer, mientras dormía,
I nventé que era tuyo y tú eras mía:
A brázame, dijiste. ¡Te lo juro!

mc | 30 agosto 2015

Se lo entregas, te sonríe y le pides, por favor, un café doble con mucho hielo.

© Misael Campo| 09 septiembre 2016|Ciertos acrósticos inciertos|