Ciertos acrósticos inciertos
Especie de novela por entregas que escarba en los afectos enredosos y desata las pasiones íntimas entre una mujer madura y un hombre sesentón
Especie de novela por entregas que escarba en los afectos enredosos y desata las pasiones íntimas entre una mujer madura y un hombre sesentón
Te acuerdas de ella. Enciendes la pipa y escuchas «Nabucco». La echas de menos. La quieres, la amas, la adoras. Sin poder evitarlo. Como un trago de güisqui condujo a otro trago de güisqui y a otro y a otro y a otro por tus curtidas tragaderas ebriosas. Lo admites. Te acuestas embebecido en su estela y amaneces empapado de su nostalgia. ¿Cómo es posible?
Creías que ninguna mujer iba a poder sacudir así los muros de tu holgada soledad de escritor. Te equivocaste. Te lo repites otra vez. Estás atrapado, sorprendido, inquieto, confuso, indefenso. Lo mismo que un niño huérfano en mitad de la noche oscura.
Supiste que un hombre la abandonó por otra amazona. Te sirvió una copa, le preguntaste por una ciudad, sus ojos se humedecieron y te contó que el viaje a Lisboa se había cancelado. Seguiste acudiendo al café y el roce espigó en amistad.
La invitaste a cenar, te abriste en canal, fuiste al meollo: deseas construir junto a ella un castillo de ternura, levantar un rascacielos de cariño, provocar un maremoto de fuego, encender un volcán de pasión. Te ha dicho que necesita tiempo y tú quieres ir paso a paso. Vale. Ella, también.
Han pasado tres meses. Sofía no puede olvidar al tipo que la dejó plantada en el mostrador del aeropuerto. Y tú sueñas con llevarla en tus brazos a la puerta de embarque de una aventura inesperada que la llena de incertidumbre.