Capítulo 11
Estás sentado a la barra de una coctelería, con un puro en la mano izquierda y un vaso de güisqui medio vacío en la otra. El camarero está frente a ti pero tú no consigues reconocer su rostro.
–¿Le pongo otro, señor Cano?
–Sí, échame uno más, ya sabes, doble y con tres piedras de hielo. Y de paso avisa al notario para cambiar el testamento y al cura para que traiga los santos óleos. ¡A ver! ¿Estado de cuentas?...