Diciembre es mes cautivador, pero no lo fue ese año. Estaba abatida, desolada; debía consumar mi seductor cepo. De todos modos, el otoño no pasaría dos veces por la misma hoja –pensé–. La suerte estaba echada… Conduje ya sin parar hasta San Sebastián, donde decidí hacer noche. Llamé a mis padres desde el Hotel de Londres y de Inglaterra, en la Bahía de la Concha; estaban cómodos en Innsbruck y no quise contarles mi desesperación. Subí a la habitación y me quedé dormida en un sueño inquieto, febril, turbador. Al día siguiente vería a Michel y ejecutaría la desesperada patraña que necesitaba. Ya habían transcurrido varias semanas desde que mi ingenua inocencia fuera destrozada para siempre. Y la creación de un espacio seguro para mi hijo se imponía a empujones.
Escalé al barco después de la zambullida, profundamente dolorida, descompuesta, como si la saeta de fuego siguiera hincada en mí. Estaba aterrada. Ahí estaba Noel; me señaló con un estilete y, mientras miraba de modo despectivo y amenazador, me ordenó que encaminara la embarcación hacia el puerto. Estremecida por el pánico y extrañamente humillada puse rumbo a tierra. Tenía el cuerpo despedazado y las lágrimas rodaban por mis mejillas como lava de desgarro. No podía pensar con claridad, continuaba bloqueada, acorralada. A unas cuantas brazas del refugio portuario, Noel saltó por la borda y desapareció de mi vista. Por siempre jamás. Cuando ceñí los cabos, rompí a llorar. Caí al suelo, desvencijada, abrazada a mí misma, con una suerte de culpabilidad insufrible. Vomité bilis. No quería ver a nadie, ni estar con nadie; solo deseaba morir.
Hablamos mucho aquellas noches y la idea de conocernos cara a cara cobraba consistencia y me perturbaba y atraía a la vez. ÉL era un hombre veterano en experiencias y amores, aunque nunca se había casado. Sin embargo, no hacía ni tres años que ÉL había conocido su paternidad; esto me intimidaba y me empujaba a huir; ¿sería yo una más? Qué mejor salida que compartir una ópera, en diciembre… para que nuestras sonrisas y nuestros deseos se conocieran y despertaran a la nueva vida.