Fue durante una cita a ciegas en la habitación de un hotel gaditano. En menos de dos minutos le soltó:
–Pues ya ves, Alberto. Como te conté por correo me gusta ir al grano y adoro la sinceridad.  Me llamo Nuria, tengo 48 años, soy divorciada, convivo con mis tres hijos y trabajo como directora de una sucursal bancaria. Gano lo suficiente para llevar mi casa con holgura y los fines de semana hago deporte para mantenerme en forma. No tengo nada que esconder…
–¿Nada?
–Nada.
–Pero, ¿nada… nada? ¿Estás segura?
–Nada de nada. Nada que ocultarte.
–Pues, entonces, vete quitándote la ropa.