Como ocupación, la radio puebla un párrafo modesto de tu biografía, que se escribe en Radio Oviedo-Radiocadena Española (RTVE) durante 24 meses. La directora nacional Clara Isabel Francia tuvo que intervenir para saldar hasta el último céntimo de tus retribuciones por publicidad como agente con contrato de la red comercial. Siempre agradecerás su respuesta por correo, a tu domicilio y a una carta tuya, ante la pasividad holgazana del administrador de la emisora. Ganar más que quien te paga produce frustración en los hombres necios, así que cuando te liquidaron los atrasos te largaste. La radio, como simple oyente, es esa dama de compañía que te entusiasma desde que tienes uso de razón. A tus padres les regalaron una Philips de voltímetro cuando se casaron, y el primer transistor de tu entera propiedad llegó de Stuttgart y lo cobijaste bajo la almohada cada noche: un Telefunken de dos pilas, debías de tener entonces nueve años. «El fantasma de la ópera» con Narciso Ibañez Menta como narrador sigue retumbando en tus oídos: «¿No queda nadie en los camerinos…?». De la anciana General Electric —80 años ya ha cumplido— no sabes su procedencia. Se la compraste a un anticuario que, fiel a la discreción del oficio, sólo se avino a decirte que «había pertenecido a unos apellidos ovetenses muy principales, pero venidos a menos». Como desconoces su linaje, te encargaste de enaltecerla con una historia a la medida. Reposa sobre una base de metacrilato y está escoltada por cinco fotografías, cuyos derechos adquiriste a la Agencia EFE. En su día, te parecieron cinco hitos del siglo pasado, y al presente te lo siguen pareciendo. A la vista está Dolores Ibárruri, «Pasionaria», en el mitin por la amnistía celebrado en la Plaza de las Ventas de Madrid, el 29 de febrero de 1936; a la izquierda, el cuerpo sin vida de uno de los mineros —cuyo nombre no es preciso traer aquí— fallecido, junto a dos productores más, en el accidente del Pozo María Luisa de Ciaño ocurrido el 25 de noviembre de 1968. Enfrente, fuera de la imagen, se yergue la figura de Manuel Rodríguez, «Manolete», instantes antes de la cornada mortal de «Islero» en la Plaza de Linares, el día 29 de agosto de 1947. Abajo, enterrado bajo las cámaras fotográficas, el gol de Telmo Zarra a Inglaterra en el partido del campeonato del mundo de fútbol, que se disputó en el estadio de Maracaná de Río de Janeiro el día 2 de julio de 1950; arriba, dónde si no, Federico Martín Bahamontes, «El Águila de Toledo», durante la ascensión al Col de l’Aubisque, el día 8 de julio de 1958, en el transcurso del 45 Tour de Francia, año en el que fue ganador de la clasificación final de la montaña, y preludio de su coronación como vencedor absoluto de la carrera en 1959. Y aquí, terminas. Esto ha sido todo por hoy, que van a dar las ocho y es la hora de escuchar el informativo. Todavía tienes bien grabada aquella voz de pinza en la nariz que anunciaba la emisión del «parte» de noticias con la sintonía de la «Generala»: «Señales horarias del observatorio astronómico de Madrid. Al oír la última señal serán exactamente las dos y media de la tarde». Pi, pi, pi, pi, pi, pii». ¡Aún te dan escalofríos!
¡Lo siento por ti, Ballantine’s!
¡Secaos las lágrimas, cocodrilos!
¡Es el finiquito, estúpidos!
Háztelo mirar. Verás qué poco te queda…
¡Id corriendo a mi casa! He dejado la ropa en lejía
Mucho peor que morirme fue mi forma de matarme
No fui nadie y nadie soy
De tumbo en tumbo vine a parar a la tumba
Rema, rema… Tú también morirás en la orilla
Y colorín colorado…
Arrojad mis cenizas en Estaca de Bares, que a lo mejor encuentro alguno abierto…
¡Hatajo de cotillas! Esta vez no estaba de parranda…
Ya no me daba la vida
Dejaos de letanías y cantadme de una vez el brindis de «La Traviata»
¿Quién dijo que no tenía donde caerme muerto?
Lo siento. No estoy para nadie
Oferta irresistible: restos a la venta en el interior
Mi existencia fue un desastre… hasta que dejó de serlo
¡Lárgate! Te dije que sólo te amaría mientras viviera
Se acabó lo que se daba
Cuando no puedes sostenerte de pie lo mejor es tumbarse a la larga
Apagado y fuera de cobertura
Me hicieron en un polvo… y en otro polvo me deshago
Siempre tuve vocación de calavera
¡Hasta aquí hemos llegado!