No hay descanso para ti, no hay tregua para tu páncreas. Esta vez, has elegido el Instituto de Medicina Oncológica y Molecular del Hospital Centro Médico de Asturias, y estás a sólo una de culminar veintiocho sesiones de radioterapia para carbonizar las células cancerígenas (y las que no: todas van en el lote) en rigurosa concomitancia con quimioterapia por vía bucal para seguir envenenando a las más rebeldes de la tribu insurrecta. Entremedias, has atravesado por un episodio pasajero de pancreatitis aguda que urgió, no obstante, suspensión total de la dieta, analgesia de alto voltaje y reposo absoluto durante cinco días canutos con sus respectivas noches en vela. Pero, por encima de las quemaduras, las ponzoñas y los agotamientos, nada te ha jorobado tanto en el incesante trasiego del último mes como los efectos adversos y tardíos del procedimiento guiado por la Clínica Universidad de Navarra hasta mediados de julio, percances que afloraron en tus manos y en tus pies en forma de brutales parestesias de compleja y dudosa remisión. Acciones tan trilladas como abotonar la camisa, abrochar la bragueta, escribir a mano o sostener un cigarrillo entre el índice y el corazón se han convertido desde entonces en tareas abominables por el cosquilleo (constante «ejército de hormigas en hilera»), el entumecimiento, la pérdida del tacto, la falta de sensibilidad y la movilidad aminorada en tus extremidades: lo más parecido a mantener los dedos metidos en un enchufe a tiempo completo o a sufrir la temperatura insoportable de quien se acuesta en la cama con calcetines. Son las cargas gravosas y a mansalva de la cadena perpetua, de un trágala forzoso a cambio de poder seguir hinchando el fuelle de los amaneceres detrás de la reja (amaneceres aún, a pesar de los pesares), cuando el existir ya casi sólo consiste en ir salvando escollos e intuyes que cada jornada te traerá otro imprevisible obstáculo (y otro y otro y otro y otro) hasta topar con aquel que no podrás eludir y que te conducirá sin contemplaciones a las puertas del pudridero. Mientras, antes de que el IMOMA se pronuncie sobre el resultado del tratamiento, la «Universitaria» iruindar dictará sentencia previa a finales de septiembre. A ver qué sale en la foto.
¡Lo siento por ti, Ballantine’s!
¡Secaos las lágrimas, cocodrilos!
¡Es el finiquito, estúpidos!
Háztelo mirar. Verás qué poco te queda…
¡Id corriendo a mi casa! He dejado la ropa en lejía
Mucho peor que morirme fue mi forma de matarme
No fui nadie y nadie soy
De tumbo en tumbo vine a parar a la tumba
Rema, rema… Tú también morirás en la orilla
Y colorín colorado…
Arrojad mis cenizas en Estaca de Bares, que a lo mejor encuentro alguno abierto…
¡Hatajo de cotillas! Esta vez no estaba de parranda…
Ya no me daba la vida
Dejaos de letanías y cantadme de una vez el brindis de «La Traviata»
¿Quién dijo que no tenía donde caerme muerto?
Lo siento. No estoy para nadie
Oferta irresistible: restos a la venta en el interior
Mi existencia fue un desastre… hasta que dejó de serlo
¡Lárgate! Te dije que sólo te amaría mientras viviera
Se acabó lo que se daba
Cuando no puedes sostenerte de pie lo mejor es tumbarse a la larga
Apagado y fuera de cobertura
Me hicieron en un polvo… y en otro polvo me deshago
Siempre tuve vocación de calavera
¡Hasta aquí hemos llegado!