Fue Juan Español, Quintín Banderas, Blas Infante…, alguna vez Lola Pidal en la contraportada, durante años Horacio, cuando el «Dicen que murió el “raposu” / “camín” de la romería…», sumándose con sorna a los rumores (por desgracia precipitados) del «Gran Óbito» de Francisco Franco, el constructor de la «Gran Pirámide Imperial». Rojo fue el color de su memoria, como el acrónimo de las letras iniciales de su nombre y apellidos: LCR, Liga Comunista Revolucionaria. Te lo dijo bromeando un mediodía de vinos en el «Montoto» y el «Artabe», con espuela en «El Manantial»: «Cómo voy a negar mi posición política si la llevo escrita en el carné de identidad». Maestro de las revoluciones pacíficas en defensa de las libertades, de la ironía y de la sátira, el periodista de La Voz de Asturias que se parapetó bajo mil pseudónimos para driblar el paredón de la dictadura fue, sobre todo, Lorenzo Cordero desde la Transición hasta desembocar en el «Ojo del tigre»; y Lorenzo Cordero Rosete, cuando os conocisteis en 1978 y en los últimos años en «La Belmontina», ese amigo respetable «que escribía con la derecha, pero sujetando la cuartilla con la izquierda» a quien nunca te cansaste de leer y con quien era un placer conversar.