Se enfundó una camiseta con el escudo de Asturias, que «você tinha comprado para ela» en Covadonga, y te llevó al cerro del Corcovado a bendecir el romance, bajo el majestuoso Cristo Redentor con sus brazos abiertos en aspas de molino. Su dedo cauteloso en tu barbilla parecía suplicar temperancia, pero a la sonrisa de su boca acudió la urgencia de tus labios para acreditar el compromiso revelado en su dedo anular, aun a los ojos de «sua mãe» que «tirou a fotinha». Fue un «beijo» profundo como la bahía de Guanabara, redondo como el morro de Pão de Açucar, húmedo como la laguna de Ipanema, caliente como la arena de Niterói y largo como la noche de Copacabana. Han pasado veinticinco años, Clau, y «não posso dizer adeus…». ¿Será que você já esqueceu?