Acudiste a Madrid envuelto en la certitud de que La del Manojo de Rosas sería el último título que presenciarías en el viejo coliseo de la calle Jovellanos. Fue una decisión difícil. Casi un año antes habías invitado a la representación a un puñado de allegados y te reconcomía la contingencia de tener que cancelar la cita. Al fin, la víspera resolviste que debías ponerte a prueba, confrontar el fondo de tus reservas biológicas con el paulatino deterioro que empezaba a hacerte mella. Llegaste un poco antes de que se alzara el telón (como tantas veces en tantísimos patios de butacas) y regresaste al día siguiente en uno de los primeros trenes. Quedamente, te despediste del teatro lírico nacional «La Zarzuela», pero sin fanatismos ni melancolías. En cada renuncia que te impone la enfermedad retumba la urgencia de un balance. Recordaste un pasado de funciones matritenses con más luces que sombras, y paladeaste un presente radiante, una tarde gozosa que acabó en la complacida velada de un cenadero próximo. Al futuro no le hiciste concesiones. El mañana nunca te preocupó demasiado y aquella noche, incluso sabiéndote entre la espada y la pared, el porvenir (y lo porvenir) no te inquietó nada de nada.
¡Lo siento por ti, Ballantine’s!
¡Secaos las lágrimas, cocodrilos!
¡Es el finiquito, estúpidos!
Háztelo mirar. Verás qué poco te queda…
¡Id corriendo a mi casa! He dejado la ropa en lejía
Mucho peor que morirme fue mi forma de matarme
No fui nadie y nadie soy
De tumbo en tumbo vine a parar a la tumba
Rema, rema… Tú también morirás en la orilla
Y colorín colorado…
Arrojad mis cenizas en Estaca de Bares, que a lo mejor encuentro alguno abierto…
¡Hatajo de cotillas! Esta vez no estaba de parranda…
Ya no me daba la vida
Dejaos de letanías y cantadme de una vez el brindis de «La Traviata»
¿Quién dijo que no tenía donde caerme muerto?
Lo siento. No estoy para nadie
Oferta irresistible: restos a la venta en el interior
Mi existencia fue un desastre… hasta que dejó de serlo
¡Lárgate! Te dije que sólo te amaría mientras viviera
Se acabó lo que se daba
Cuando no puedes sostenerte de pie lo mejor es tumbarse a la larga
Apagado y fuera de cobertura
Me hicieron en un polvo… y en otro polvo me deshago
Siempre tuve vocación de calavera
¡Hasta aquí hemos llegado!