La noticia tiembla en los periódicos: ha muerto Antonio Trevín. En 1995 trabajasteis hombro con hombro en el lanzamiento a escala nacional del turismo de Asturias, cuando ejerció como presidente del Gobierno del Principado; casi treinta años después, octubre os traía la misma tenebrosa enfermedad a vuestras carnes. Hablasteis, no hace nada, de tratamientos, opciones, abordajes; no os hicisteis preguntas, intercambiasteis pareceres abiertamente, con serenidad, con pragmatismo; trazasteis la gravedad que os acechaba sin necesidad de expresarla con su nombre (en lo que no os dijisteis, bien adivinasteis que sobre el tapete del diálogo pintaban bastos a ambos lados de la línea telefónica); os mandasteis un abrazo y os deseasteis buena suerte. Hoy tu corazón se duele (se duele mucho, mucho; se duele una infinitud) y adentellado por la misma fiera tu páncreas llora por un amigo excepcional. D.E.P.
P.D.: Desde anoche, un refrán perturbador te previene: «Cuando las barbas de tu vecino veas pelar…». Y en el patíbulo del cáncer oyes al verdugo vocear los turnos: «Que pase el siguiente».