Si Manuel Fraga tenía todo el Estado en la molondra, Luis José de Ávila tenía toda Asturias en la cabeza, donde confluían un atlas prodigioso de los 78 municipios de su tierrina con una enciclopedia colosal de miles de personajes asturianos. De empresarios, políticos, sindicalistas, emprendedores; de hosteleros, deportistas, artistas, enseñantes. Fue un periodista «todoterreno», campechano, con centenares de amigos, que buscaba la información a pie de calle o en la tertulia del chigre, y asentó la maestría de su oficio en la crónica urbana y el reportaje rural. Cuando tú llegaste a La Voz de Asturias a finales de los años 70, con José Díaz Jácome en la dirección y Manolo Paredes como redactor jefe, Ávila ya se batía el cobre junto a figuras del fuste de Lorenzo Cordero, Melchor Fernández Díaz, Ceferino de Blas, José Luis López del Valle… a los que siguieron José Antonio Bron, Isidoro Nicieza, Mario Bango, Quico Orejas, Próspero Morán o Xuan Cándano, «sólo por citar», como él solía escribir. Era un optimista con los pies en el suelo que buscaba lo bueno dentro de lo peor, y dirigió el periódico entre 1986 y 1989, con Joaquín de la Buelga en la gerencia y bajo la tutela editorial del Grupo Zeta, en una de las épocas más boyantes que recuerdas del rotativo de la calle General Elorza. La noticia era él y él era la noticia. Cuando coincidíais en el Marchica Rojo y la cafetería Lira o almorzábais en La Goleta o Casa Fermín, Ávila siempre ponía alguna exclusiva sobre la barra o encima del mantel. En su vitalidad incombustible, aún le quedó tiempo para firmar un blog, devorar novelas policiacas o convertir su afición al cine en otra pasión de órdago. Fue, también, director de Región y La Hoja del Lunes, presidente de la Asociación de la Prensa ovetense, jefe de prensa de la Universidad carbayona y director de comunicación de la empresa estatal minera Hunosa. Había nacido el mismo 6 de agosto que estalló la bomba atómica en Hiroshima y falleció, por otra caprichosa efemérides, este pasado San Mateo, día grande de los festejos de su «Oviedín del alma». Descanse en paz el maestro, el compañero y el amigo. Y reciban condolencias sus familiares, extensivas a su espía favorita, la XP XIII, a quien también echarás muchísimo de menos.

MC | 23 de septiembre de 2019