Amanecimos en tugurios de toda estofa, él nunca con una copa de menos ni exactamente de más. Masticamos divorcios, viudedades, noviazgos en cuesta abajo, ataques agudos de misantropía; trotamos sobre los delirios de la nocharniega a brida suelta; compartimos secretos desde esa cota de bebendurria que se acaba empinando cuando el discernimiento entra en interrupción sostenida. Nos condenábamos, nos absolvíamos, y vuelta a empezar. Al despedirnos nos dábamos la mano y la extremaunción: «Per istam sanctam unctionem et suam piisimam misericordiam…». Sabíamos nuestros teléfonos, pero nunca nos llamamos. Para vernos, bastaba con seguir el rastro por donde dejábamos recado. Había sido un corredor de finales y llegó a ser un desocupado con principios. Un atleta olímpico tan indomable como desganado. Un fenómeno insólito. Un genio.
¡Lo siento por ti, Ballantine’s!
¡Secaos las lágrimas, cocodrilos!
¡Es el finiquito, estúpidos!
Háztelo mirar. Verás qué poco te queda…
¡Id corriendo a mi casa! He dejado la ropa en lejía
Mucho peor que morirme fue mi forma de matarme
No fui nadie y nadie soy
De tumbo en tumbo vine a parar a la tumba
Rema, rema… Tú también morirás en la orilla
Y colorín colorado…
Arrojad mis cenizas en Estaca de Bares, que a lo mejor encuentro alguno abierto…
¡Hatajo de cotillas! Esta vez no estaba de parranda…
Ya no me daba la vida
Dejaos de letanías y cantadme de una vez el brindis de «La Traviata»
¿Quién dijo que no tenía donde caerme muerto?
Lo siento. No estoy para nadie
Oferta irresistible: restos a la venta en el interior
Mi existencia fue un desastre… hasta que dejó de serlo
¡Lárgate! Te dije que sólo te amaría mientras viviera
Se acabó lo que se daba
Cuando no puedes sostenerte de pie lo mejor es tumbarse a la larga
Apagado y fuera de cobertura
Me hicieron en un polvo… y en otro polvo me deshago
Siempre tuve vocación de calavera
¡Hasta aquí hemos llegado!