Ha largado Fernando Simón: «La gente no va a un bar para estar sola en una esquina». Y ha vuelto a meter la pata, este buen hombre ignorante, a menos que su sapiencia cuadriculada encasille a los bebedores de claustro en otro grupo social: el de la gentuza. ¡Hay que tocárselos! Si no necesitas de nadie para salir al quiosco, al estanco o a la botica, para ir a la taberna tampoco, que el buey suelto bien se lame. Es más, a menudo tendrás que mudarte de tasca para librarte de pelmazos como Fernando Simón. Esos, que se acercan a hablar de la curva, la vacuna, las ucis, como si a ti te importaran algo todas esas pijadas, y vulneran el recogimiento que zigzaguea entre la mano temblona y el vaso lleno del primer lingotazo; esos, que te dan la mañana con el tiempo tan malo que hace o con que a no sé quién cojones lo han echado de casa, y quebrantan la orfandad del segundo, del tercero, del cuarto copazo, a solas con tu periódico, tu libro o tu cuaderno, en el manso rincón cartujano de tu asiento en la barra. ¿Será que a Fernando Simón no le enseñaron en la universidad que los bares son las farmacias de los alcohólicos solitarios? ¿Si lo supiera, no abogaría por tenerlos de guardia?
¡Lo siento por ti, Ballantine’s!
¡Secaos las lágrimas, cocodrilos!
¡Es el finiquito, estúpidos!
Háztelo mirar. Verás qué poco te queda…
¡Id corriendo a mi casa! He dejado la ropa en lejía
Mucho peor que morirme fue mi forma de matarme
No fui nadie y nadie soy
De tumbo en tumbo vine a parar a la tumba
Rema, rema… Tú también morirás en la orilla
Y colorín colorado…
Arrojad mis cenizas en Estaca de Bares, que a lo mejor encuentro alguno abierto…
¡Hatajo de cotillas! Esta vez no estaba de parranda…
Ya no me daba la vida
Dejaos de letanías y cantadme de una vez el brindis de «La Traviata»
¿Quién dijo que no tenía donde caerme muerto?
Lo siento. No estoy para nadie
Oferta irresistible: restos a la venta en el interior
Mi existencia fue un desastre… hasta que dejó de serlo
¡Lárgate! Te dije que sólo te amaría mientras viviera
Se acabó lo que se daba
Cuando no puedes sostenerte de pie lo mejor es tumbarse a la larga
Apagado y fuera de cobertura
Me hicieron en un polvo… y en otro polvo me deshago
Siempre tuve vocación de calavera
¡Hasta aquí hemos llegado!