El 19 de abril de 2012 se paró para siempre el corazón de La Voz de Asturias. El periódico salió a la calle con la tinta caliente sobre sus páginas octogenarias y no volvió más al quiosco; como un lobo de mar, que se va a pique en su balandro viejo con las botas puestas y la pipa humeando, sin poder retornar a la orilla. En la engañosa musculatura de lo efímero trota la alforja de un viaje minúsculo a ninguna parte. Bastan veintitantas letras del abecedario para escribir la historia colosal de los días, e incluso la vida toda de un hombre –por mucho que ese hombre sea tu padre– se apretuja en dos simples latidos, el primero y el último, y se aventa en un adiós precipitado, también el 19, mismamente de abril, en 2013. Apenas somos pizca de algo o, como oyes decir ahora, somos más bien la nada y «lo siguiente». Cada cabo de año, el luto te somete y la memoria te libera. En el recuerdo alumbra el faro resplandeciente de los robles ancianos que supieron morir de pie, aun a sabiendas de que la hemeroteca y la bitácora ya sólo son cenizas rodando por el suelo.
¡Lo siento por ti, Ballantine’s!
¡Secaos las lágrimas, cocodrilos!
¡Es el finiquito, estúpidos!
Háztelo mirar. Verás qué poco te queda…
¡Id corriendo a mi casa! He dejado la ropa en lejía
Mucho peor que morirme fue mi forma de matarme
No fui nadie y nadie soy
De tumbo en tumbo vine a parar a la tumba
Rema, rema… Tú también morirás en la orilla
Y colorín colorado…
Arrojad mis cenizas en Estaca de Bares, que a lo mejor encuentro alguno abierto…
¡Hatajo de cotillas! Esta vez no estaba de parranda…
Ya no me daba la vida
Dejaos de letanías y cantadme de una vez el brindis de «La Traviata»
¿Quién dijo que no tenía donde caerme muerto?
Lo siento. No estoy para nadie
Oferta irresistible: restos a la venta en el interior
Mi existencia fue un desastre… hasta que dejó de serlo
¡Lárgate! Te dije que sólo te amaría mientras viviera
Se acabó lo que se daba
Cuando no puedes sostenerte de pie lo mejor es tumbarse a la larga
Apagado y fuera de cobertura
Me hicieron en un polvo… y en otro polvo me deshago
Siempre tuve vocación de calavera
¡Hasta aquí hemos llegado!