Tenía, José Manuel Martino, el carisma de John Keating en «El club de los poetas muertos» (¡oh, profesor! ¡mi profesor!, le despiden hoy, a centenares, los alumnos) y enseñó a sus discípulos la vital urgencia de reflexionar para comprender, de aprehender para discernir. A su bondad sin tasa, tú le debes el tesoro «Casi todo, asesinato» —del científico forense Sydney Smith— y un texto manuscrito en servilletas, que te introdujo en el bolsillo de la americana una noche de tuna y «carpe diem», ya desde entonces erguido en tus atriles, que entrecomillas a continuación. Gracias, Jose querido, y hasta el juicio final, que a la jurispericia de tu oficio habrá de encomendarse este tozudo reo ante el ineludible Tribunal de las alturas. «La Universidad tiene su fundamento en un anhelo nunca satisfecho de excelencia, que provoca una tensión constante entre el saber y la ignorancia, el esfuerzo y la incuria, la generosidad de espíritu y la claudicación mezquina. El impulso crítico, sin el que no hay ciencia posible, no debe dejarse ahora en suspenso. Entre las virtudes universitarias se encuentra, sin duda, una vívida conciencia de la insatisfacción. La procura del saber, que es nuestro principal objetivo, significa necesariamente un cierto grado de utopía». J. M. Martino, abril 1996.
¡Lo siento por ti, Ballantine’s!
¡Secaos las lágrimas, cocodrilos!
¡Es el finiquito, estúpidos!
Háztelo mirar. Verás qué poco te queda…
¡Id corriendo a mi casa! He dejado la ropa en lejía
Mucho peor que morirme fue mi forma de matarme
No fui nadie y nadie soy
De tumbo en tumbo vine a parar a la tumba
Rema, rema… Tú también morirás en la orilla
Y colorín colorado…
Arrojad mis cenizas en Estaca de Bares, que a lo mejor encuentro alguno abierto…
¡Hatajo de cotillas! Esta vez no estaba de parranda…
Ya no me daba la vida
Dejaos de letanías y cantadme de una vez el brindis de «La Traviata»
¿Quién dijo que no tenía donde caerme muerto?
Lo siento. No estoy para nadie
Oferta irresistible: restos a la venta en el interior
Mi existencia fue un desastre… hasta que dejó de serlo
¡Lárgate! Te dije que sólo te amaría mientras viviera
Se acabó lo que se daba
Cuando no puedes sostenerte de pie lo mejor es tumbarse a la larga
Apagado y fuera de cobertura
Me hicieron en un polvo… y en otro polvo me deshago
Siempre tuve vocación de calavera
¡Hasta aquí hemos llegado!