Presumes que había algo de reto y algo más de rescate. El tributo a ti debido de restaurarte en tus viejas tradiciones, la actitud de hacerlo con cautela, supliendo los obstáculos con calma y presentido de que la cordialidad de los tuyos terminará mitigando las carencias. Intuyes, en fin, que corre por tu entraña el empeño de acercarte al misterio de Judea con la inocencia párvula de Susana, de Julia, de Luca, de Mateo (que acaba de llegar con el halo del adviento aún recién nacido); la quimera de ver en el destello de sus caras el asombro nostálgico del chiquillo que una vez también se maravilló frente al pesebre; el afán de alentar una mirada asible, perdurable, indeleble, como contrapeso al retumbo fugaz de pantallas, interfaces, avatares y simuladores; la meta de sembrar en ese instante prodigioso el germen que reavive la curiosidad —la de los niños, los amigos, los parientes, la tuya— por indagar, debatir e interpelarse sobre la historia más fantástica del mundo o la ficción más fantasiosa de la tierra, que para el caso tanto da. Y si en la génesis has pretendido que la voluntad alce su vuelo por encima de creyentes, agnósticos o ateos, das por sentado que en el colofón sólo se hallará la hondura de un pilar extraordinariamente simple: la abstinencia del alcohol no es Jesús de Nazaret, pero obra algunos pequeñísimos milagros…
¡Lo siento por ti, Ballantine’s!
¡Secaos las lágrimas, cocodrilos!
¡Es el finiquito, estúpidos!
Háztelo mirar. Verás qué poco te queda…
¡Id corriendo a mi casa! He dejado la ropa en lejía
Mucho peor que morirme fue mi forma de matarme
No fui nadie y nadie soy
De tumbo en tumbo vine a parar a la tumba
Rema, rema… Tú también morirás en la orilla
Y colorín colorado…
Arrojad mis cenizas en Estaca de Bares, que a lo mejor encuentro alguno abierto…
¡Hatajo de cotillas! Esta vez no estaba de parranda…
Ya no me daba la vida
Dejaos de letanías y cantadme de una vez el brindis de «La Traviata»
¿Quién dijo que no tenía donde caerme muerto?
Lo siento. No estoy para nadie
Oferta irresistible: restos a la venta en el interior
Mi existencia fue un desastre… hasta que dejó de serlo
¡Lárgate! Te dije que sólo te amaría mientras viviera
Se acabó lo que se daba
Cuando no puedes sostenerte de pie lo mejor es tumbarse a la larga
Apagado y fuera de cobertura
Me hicieron en un polvo… y en otro polvo me deshago
Siempre tuve vocación de calavera
¡Hasta aquí hemos llegado!