18 de diciembre de 2020. El teatro escucha sobrecogido «Un bel dì vedremo», el primer escollo de una partitura enrevesada que ya no dará tregua a la soprano hasta el desenlace del último acto. Al final del aria, la ovación del público detiene la representación. Un riachuelo de lágrimas brota por los ojos del hombre sencillo que está a tu lado, y se cuela por el borde superior de su mascarilla. Ese hombre es Ricardo Díaz, el padre de la «sopranísima». Los aplausos arrecian y, aunque queda mucha ópera por cantar, le felicitas. Él no puede articular palabra, retira el pañuelo de la cara, te mira complacido y le dices: «Esta noche abrimos la puerta grande». Ricardín asiente con la cabeza. Sobre el escenario, Beatriz Díaz paladea el minuto más emotivo, más intenso, más largo e inacabable de su vida artística. Lo que vino después fue la consumación de una lección magistral de canto, una deliciosa «master class» de las que sientan cátedra, como pocas veces has escuchado en cincuenta años en el Campoamor, que acabó aclamándola rendido, puesto en pie y por unanimidad. Estuvo tan portentosa que a algunos incrédulos tuviste que decirles a la salida lo mismo que te permites repetir hoy: «Vedi? Butterfly è venuta!».
¡Lo siento por ti, Ballantine’s!
¡Secaos las lágrimas, cocodrilos!
¡Es el finiquito, estúpidos!
Háztelo mirar. Verás qué poco te queda…
¡Id corriendo a mi casa! He dejado la ropa en lejía
Mucho peor que morirme fue mi forma de matarme
No fui nadie y nadie soy
De tumbo en tumbo vine a parar a la tumba
Rema, rema… Tú también morirás en la orilla
Y colorín colorado…
Arrojad mis cenizas en Estaca de Bares, que a lo mejor encuentro alguno abierto…
¡Hatajo de cotillas! Esta vez no estaba de parranda…
Ya no me daba la vida
Dejaos de letanías y cantadme de una vez el brindis de «La Traviata»
¿Quién dijo que no tenía donde caerme muerto?
Lo siento. No estoy para nadie
Oferta irresistible: restos a la venta en el interior
Mi existencia fue un desastre… hasta que dejó de serlo
¡Lárgate! Te dije que sólo te amaría mientras viviera
Se acabó lo que se daba
Cuando no puedes sostenerte de pie lo mejor es tumbarse a la larga
Apagado y fuera de cobertura
Me hicieron en un polvo… y en otro polvo me deshago
Siempre tuve vocación de calavera
¡Hasta aquí hemos llegado!