Esta Semana Santa se han ido dos locutores de casta, dos punteros de dos generaciones: Carlos Novoa y José Luis San Martín. Carlos fue un «enfant terrible», a cuya voz singularísima legaste la grabación de decenas de cuñas publicitarias; José Luis parecía un Hemingway ovetense, pero más afable y comedido, con su aire de cosmopolita despistado, con aquella generosidad atestiguada en el homenaje que le tributasteis a Carlos Jeannot, otra leyenda de la radio. Entre otras cosas, envejecer consiste en ir despidiéndose de compañeros con los que has atravesado diversos pasajes del trayecto. No hay semana que no le digas adiós a algún amigo, algún conocido, algún allegado, algún pariente. Es el pan nuestro (y duro) de cada día. La única y verdadera ley de leyes.