Se enfundó una camiseta con el escudo de Asturias, que «você tinha comprado para ela» en Covadonga, y te llevó al cerro del Corcovado a bendecir el romance, bajo el majestuoso Cristo Redentor con sus brazos abiertos en aspas de molino. Su dedo cauteloso en tu barbilla parecía suplicar temperancia, pero a la sonrisa de su boca acudió la urgencia de tus labios para acreditar el compromiso revelado en su dedo anular, aun a los ojos de «sua mãe» que «tirou a fotinha». Fue un «beijo» profundo como la bahía de Guanabara, redondo como el morro de Pão de Açucar, húmedo como la laguna de Ipanema, caliente como la arena de Niterói y largo como la noche de Copacabana. Han pasado veinticinco años, Clau, y «não posso dizer adeus…». ¿Será que você já esqueceu?
¡Lo siento por ti, Ballantine’s!
¡Secaos las lágrimas, cocodrilos!
¡Es el finiquito, estúpidos!
Háztelo mirar. Verás qué poco te queda…
¡Id corriendo a mi casa! He dejado la ropa en lejía
Mucho peor que morirme fue mi forma de matarme
No fui nadie y nadie soy
De tumbo en tumbo vine a parar a la tumba
Rema, rema… Tú también morirás en la orilla
Y colorín colorado…
Arrojad mis cenizas en Estaca de Bares, que a lo mejor encuentro alguno abierto…
¡Hatajo de cotillas! Esta vez no estaba de parranda…
Ya no me daba la vida
Dejaos de letanías y cantadme de una vez el brindis de «La Traviata»
¿Quién dijo que no tenía donde caerme muerto?
Lo siento. No estoy para nadie
Oferta irresistible: restos a la venta en el interior
Mi existencia fue un desastre… hasta que dejó de serlo
¡Lárgate! Te dije que sólo te amaría mientras viviera
Se acabó lo que se daba
Cuando no puedes sostenerte de pie lo mejor es tumbarse a la larga
Apagado y fuera de cobertura
Me hicieron en un polvo… y en otro polvo me deshago
Siempre tuve vocación de calavera
¡Hasta aquí hemos llegado!