Te gusta sentir su melena en tu cara, tu nariz en sus rizos, el tacto de sus manos, el roce de sus dedos, y el sabor esmerado de los besos prohibidos. Te gusta abocetar un cuarto abuhardillado, el crepitar del fuego en una chimenea, un sofá de colores, una manta de felpa, un café de puchero, un libro de poemas. Te gusta imaginar su mejilla en tu pecho, tus labios en su oreja escandiendo unos versos, y sus ojos cerrados, y en su boca un suspiro que jadea en la garganta y se eleva hasta el cielo. Te gusta despertarte soñándola temprano, al despuntar el día… y soñarla despierto noche a noche, amándola a escondidas en todos los resquicios, por todas sus rendijas, hasta la luz del alba, y escribir en el aire: Te quiero, vida mía.