Te gusta sentir su melena en tu cara, tu nariz en sus rizos, el tacto de sus manos, el roce de sus dedos, y el sabor esmerado de los besos prohibidos. Te gusta abocetar un cuarto abuhardillado, el crepitar del fuego en una chimenea, un sofá de colores, una manta de felpa, un café de puchero, un libro de poemas. Te gusta imaginar su mejilla en tu pecho, tus labios en su oreja escandiendo unos versos, y sus ojos cerrados, y en su boca un suspiro que jadea en la garganta y se eleva hasta el cielo. Te gusta despertarte soñándola temprano, al despuntar el día… y soñarla despierto noche a noche, amándola a escondidas en todos los resquicios, por todas sus rendijas, hasta la luz del alba, y escribir en el aire: Te quiero, vida mía.
¡Lo siento por ti, Ballantine’s!
¡Secaos las lágrimas, cocodrilos!
¡Es el finiquito, estúpidos!
Háztelo mirar. Verás qué poco te queda…
¡Id corriendo a mi casa! He dejado la ropa en lejía
Mucho peor que morirme fue mi forma de matarme
No fui nadie y nadie soy
De tumbo en tumbo vine a parar a la tumba
Rema, rema… Tú también morirás en la orilla
Y colorín colorado…
Arrojad mis cenizas en Estaca de Bares, que a lo mejor encuentro alguno abierto…
¡Hatajo de cotillas! Esta vez no estaba de parranda…
Ya no me daba la vida
Dejaos de letanías y cantadme de una vez el brindis de «La Traviata»
¿Quién dijo que no tenía donde caerme muerto?
Lo siento. No estoy para nadie
Oferta irresistible: restos a la venta en el interior
Mi existencia fue un desastre… hasta que dejó de serlo
¡Lárgate! Te dije que sólo te amaría mientras viviera
Se acabó lo que se daba
Cuando no puedes sostenerte de pie lo mejor es tumbarse a la larga
Apagado y fuera de cobertura
Me hicieron en un polvo… y en otro polvo me deshago
Siempre tuve vocación de calavera
¡Hasta aquí hemos llegado!